Las mañanas de los martes y jueves de enero y febrero las pasé dictando clases en el Centro de Idiomas del IPNM. ¿Por qué? Ni idea, solo “me tocó” y contra eso no se puede hacer nada.
Casi 30 chic@s entre 17 y 25 años que querían y/o necesitaban aprender Inglés y no tenías más remedio que estudiar en verano mientras sus amigos (y los míos) veraneaban de lo lindo. Ese fue mi primer grupo en el Centro. El primero de tres. Cada uno de ellos con especialidades diferentes pero con ganas de termiar el curso y pasarla bien. Yo siempre quiero pasarla bien en mi clase y más importante que ellos también la pasen bien porque sentarse y escuchar a otro hablar no es la voz. Pasarla bien y aprender sí.
Sí, ya sé. Si alguno de ellos lee esto tal vez no esté de acuerdo y recuerde que yo era mmm…¿cómo era? ya! que yo tenía “una gemela mala” que un día llegaba a clases, hablaba y explicaba. Seria. Seca. Y al día siguiente era un amor. ¿Por qué? no lo sé, problemas tal vez, situaciones con la dizque asesora que a cualquiera le ponen los pelos de punta. Sé que uno no debería desquitarse con ellos pero a veces el lado “humano” puede más que el profesional.
Bueno, no todos los días fueron así. Tuvimos gratos y amenos momentos como cuando uno de los chicos preparó un delicioso trago en clase como parte de su examen oral final. Sí, su uso de vocabulario, gramática y demás no eran del todo correctos pero se le entendió y el trago estuvo buenísimo. No, no sacó 20 pero como el esfuerzo también cuenta resumo diciendo que pasó. (Estaba sobria cuando lo califiqué eh!
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Fotos y recuerdos de los gratos momentos que juntos pasamos. Después de todo creo que mi gemela mala no salió muchas veces eh! sino cómo explico las sonrisas y alegría que muestran cada vez que nos encontramos en el país verde

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